La gran pregunta. ¿Confirmará el bicampeón Alonso que es virtualmente imbatible ganando otro mundial consecutivo, o pagará el pato por cambiar de escudería? Hay muchas razones para el optimismo, pero, pase lo que pase, el aficionado gana. Nos zambullimos en la temporada más competida e incierta de los últimos tiempos. Rojo, ámbar... ¡verde!
Fernando Alonso acostumbró a sus seguidores a un cierto aire pesimista en 2006. Los Ferrari le recortaban distancia a pasos agigantados en la segunda parte de la temporada, sufría problemas dentro y fuera de las pistas, la tirantez con Renault se mascaba... ganó por los pelos. Pero las malas caras han desaparecido del todo en la pretemporada 2007. Está risueño, desborda optimismo más allá de las obligaciones publicitarias, ni se plantea otro objetivo que ganar el mundial y consagrarse con el tercer laurel como uno de los mejores de la historia. Una ley no escrita de la F1 así lo dicta: como mínimo hay que conquistar tres campeonatos para ingresar en el olimpo, en la leyenda. Como sus admirados Ayrton Senna y Alain Prost.
Si el estado de ánimo es clave para aguantar la presión y trasladársela a los rivales, el tandem MacLaren-Alonso parte con ventaja. En la escudería inglesa cundía el desánimo después de ocho años sin ganar un mundial y sobre todo tras una temporada desastrosa con cero victorias. El cambio tenía que ser drástico y así lo parece. Han renovado buena parte del equipo técnico (algunos se los ha llevado Alonso desde Renault), han dicho adiós a los problemáticos Montoya y Raikkonen (muy propensos a cometer errores) y, sobre todo, Alonso aporta su sabiduría, su enorme seguridad y su capacidad de liderazgo para hacer catarsis y devolver a todos la mirada ganadora. Entre otras cosas, no estaba a gusto en Renault porque no le hacían mucho caso en las modificaciones del monoplaza para mejorar su competitividad. No es así en MacLaren-Mercedes, que desde el comienzo se ha adaptado a las especificaciones personales-profesionales del asturiano para cortarle el bólido y la estrategia a medida. Lo decía el propio Pedro de la Rosa (lástima, continúa como piloto de pruebas tras la durísima campaña de la prensa británica por el fichaje de un inglés -Lewis Hamilton- como segundo piloto en vez de aprovechar un dueto hispano): "ésta es la mejor pretemporada desde que estoy en McLaren".
Se refería al espíritu de equipo, pero también a los buenos resultados del nuevo MP4-22. Su rendimiento va a la zaga de los Ferrari, pero en algunos entrenamientos han lindado con los italianos y, más importante, han reaccionado rápidamente ante las dificultades mecánicas. La sensación general es que McLaren tiene un bólido rápido y fiable. El nuevo reglamento no deja claro a quien beneficiará de las tres escuderías a priori punteras. Tras la retirada de Michelin, todos los neumáticos serán Bridgestone, la marca que ha calzado Ferrari en los últimos siete mundiales. No tiene que sufrir un proceso de adaptación, como Renault y McLaren, pero Alonso no se arruga: dice que le agradan la mayor resistencia al desgaste del tren trasero y la capacidad de mantener ritmos altos durante más tiempo. Por otra parte, se limitan las revoluciones del motor a un máximo de 19.000, así que la evolución de los propulsores será menos exigente y establecerá menor diferencia entre escuderías. En principio, esto perjudica a quien ha demostrado más progresión en este sentido, Ferrari. Además, los propulsores sufrirán menos este año: deben aguantar dos carreras, como en 2006, pero las sesiones de entrenamiento de los viernes pueden hacerse con motores distintos a los de la competición.
O sea que la igualdad parece mandar en el banderazo de salida, a pesar de una cierta ventaja mecánica de Ferrari. Si McLaren la reduce pronto, la presión pasará a sus rivales. Alonso destaca por su resistencia a ese elemento, le pone remar contra corriente, así que con motivación y eficacia en el equipo puede hacer milagros. Recuerden, ya no está Michael Schumacher. El vacío de su presencia en Ferrari es tan grande como el de Alonso en Renault. El cabalino rampante tiene a dos pilotos que lucharán entre sí, la jerarquía entre Raikkonen y Massa no está clara para nada y menos aún la confianza de la escudería en el primero (fama de juerguista, conducción demasiado brusca, propensión a la bronca, errores graves en los momentos más tensos de la carrera...). Para colmo, acabamos de saber que Ferrari se planteó el fichaje de Alonso antes que el de Raikkonen, está claro a quien consideran realmente el piloto con mayor capacidad para desequilibrar con talento la igualdad mecánica.
En la casa de los franceses, las dudas sobre el empuje de Fisichella son patentes dados sus mediocres resultados los dos últimos años. Si no se impone éste, no lo hará nunca. No ha demostrado adaptarse a la presión y con la carga extra de este ultimátum, quién sabe qué puede hacer o deshacer. Pero no hay que esperar para despejar tantas incógnitas: hacía tiempo que un mundial no arrancaba tan parejo y los dos primeros grandes premios (Australia, 18 de marzo; y Malasia, 8 de abril) pueden ser, más que tanteos, verdaderas referencias de "lo que será, será".